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viernes, 5 de julio de 2019

Los Wandjinas



En la mitología de los nativos australianos, los Wandjinas (que significa “cercano al agua”), son seres sobrenaturales, espíritus de la lluvia y las nubes, creadores de la vida en la Tierra. Son seres sabios que trajeron la civilización y la prosperidad a los pueblos de la zona.
En 1838, en una expedición enviada por la Royal Geographical Society británica, George Grey descubrió una gran cantidad de pinturas rupestres cerca de Glenelg River, Kimberley, al noroeste de Australia. Estas pinturas tienen como protagonistas a extraños seres antropomorfos llamados por los aborígenes “Wandjinas”.
 
Al encontrar la primera galería de Wandjinas, Grey escribió en su diario:
“… Parecía que salía de la roca; y me quedé ciertamente sorprendido cuando vi, por primera vez, aquella gigantesca cabeza y la parte superior del cuerpo, doblándose, desde la penumbra del abrigo rocoso, hacia mí”.
Los Wandjinas han sido representados profusamente en el arte rupestre de la región de Kimberley. Su aspecto es humanoide, con grandes ojos y sin boca, y usualmente sus cabezas están coronadas con una especie de aureola “lumínica”.
Según la tradición oral de los nativos, fueron los mismos Wandjinas quienes pintaron sus propias figuras en las paredes de las cuevas de Kimberley cuando descendieron a la Tierra en tiempos muy antiguos.
La tribu aborigen de la región de Kimberly se llama Unambal, una cultura que ha existido, según la historia oficial, desde hace por lo menos unos 60.000 años. La cueva en la que están representados los enigmáticos Wandjinas es considerada sagrada por estos aborígenes por tratarse de seres mitológicos asociados con la creación del mundo.
Dado que las pinturas están hechas con pigmentos de base mineral, no han podido ser datadas con el método de carbono 14 (sólo válido para restos orgánicos), y tradicionalmente, los arqueólogos han estimado la edad de estas pinturas en unos 5.000 años.
Pero en 1996, de forma casual, Grahame Walsh, observando las pinturas Wandjina de Kimberley, notó que un nido de avispas construido sobre una de las pinturas, estaba fosilizado, denotando una gran antigüedad.
Nido de avispas construido sobre una de las pinturas
La datación del avispero reveló una antigüedad de unos 17.000 años y, por tanto, esa es la edad mínima de las pinturas Wandjina de Kimberley, pudiendo ser mucho más antiguas aún.

Cuentan las leyendas aborígenes que los Gyorn Gyorn, los primeros seres humanos, no tenían orden ni organización, por lo que Wallungunder, el Gran Jefe de los Wandjinas, al ver que podía ayudarlos a desarrollarse, volvió a la Vía Láctea y trajo consigo muchos otros Wandjinas para que le ayudaran en su misión.
Sus leyendas hablan de un “Tiempo de sueño” o “Tiempo de la Creación” (Lai Lai), en el cual los Wandjinas, liderados por Wallungunder, el “Gran Jefe”, descendieron desde el cielo para crear la Tierra y todos sus habitantes. Luego, viajaron por la región, enseñando a los nativos a cazar y recolectar.
Los mitos aborígenes australianos dicen que al inicio, la Tierra era blanda y amorfa, que fueron los Wandjinas quienes dragaron los ríos y cavaron los pozos de agua, elevaron las montañas y nivelaron las llanuras. En aquellos tiempos las piedras eran aún moldeables, y los Wandjinas construyeron sus hogares con ellas.
En la mitología de los aborígenes de Australia, la Serpiente Arco Iris es la deidad creadora de todo lo existente en el universo, y por esto, reviste un motivo común en su arte.
La Serpiente Arco Iris es conocida por infinidad de nombres en diferentes culturas aborígenes: se la conoce como Borlung por el pueblo Miali, Dhakkan por el Kuli, Kajura por el Ingarda, Goorialla por el Lardil, Kunmanggur por el Murinbata, Ngalyod por el Gunwinggu, Numereji por el Kakadu, Taipan por el Wikmunkan, Tulloun por el Mitakoodi, Wagyl por el Noongar, Wanamangura por el Talainji, y Witij por el Yolngu. Otros nombres incluyen Bolung, Galeru, Julunggul, Kenmare, Langal, Myndie, Muit, Ungud, Wollunqua, Wonambi, Wonungar, Worombi, Yero, Yingarna, y Yurlunggur.

Cuenta una leyenda que durante el Tiempo de Ensueño se libró una cruenta batalla en el monte Uluru, el punto más sagrado de la Australia aborigen, entre los Hombres Serpiente Venenosos y los Hombres Serpiente No Venenosos.
Los aborígenes australianos cuentan que Bulari, la Diosa Madre de la Tierra logró vencer a los Hombres Serpiente Venenosos con una nube de gases letales. Los supervivientes enemigos fueron encerrados hasta el día de hoy bajo el Uluru, actualmente llamado Ayers Rock.
Uluru, actualmente llamado Ayers Rock
Se dice que otras batallas se libraron entre el Dios del Sol -que llegó del cielo en una nave- y el Dios de la Tierra en Moon City o Ciudad Secreta, otro punto sagrado del territorio australiano. Para los aborígenes estos lugares son los restos de ciudades construidas por los Arientas y Luritchas, seres que eran mitad hombre y mitad animal.


martes, 2 de julio de 2019

El Uluru la montaña roja de Australia


El Uluru, ubicado al norte del país, es considerado sagrado para los indígenas Anangu cuyo nombre original significa "ser humano". "Es un lugar extremadamente importante y no es un parque temático", dijo Sammy Wilson, un representante de esta comunidad indígena. Es esencial que los turistas respeten este espacio y no lo dañen. Actualmente el acceso al monolito es libre.

La montaña roja de Australia es atractiva por varios motivos, no solo por su inmensidad. También llama la atención que vaya cambiando de color a lo largo del día o dependiendo de la época del año en la que nos encontremos. La inclinación de los rayos provoca que se convierta en todo un camaleón de arenisca, motivando que los atardeceres sean sencillamente increíbles, ya que el Uluru se tiñe de un rojo brillante.

El explorador William Gosse fue el primer occidental que logró escalarlo en 1873. Quien quiera sumarse a la larga lista de los que lo hicieron después tendrán que darse prisa, ya que nadie podrá llegar a la cima. Eso sí, permitirán a todo el mundo llegar hasta la zona donde se encuentra, aunque tendrán que conformarse con contemplar su belleza desde abajo, lo que me invita a pensar que van a fomentar el senderismo por la zona para que no caiga en el olvido.

Escalar esta gigantesca roca roja de 348 metros de altura estará prohibido desde el 26 de octubre de 2019, una fecha históricamente significativa para el sitio. Justo en ese día, pero de 1985, el gobierno devolvera la propiedad del Uluru al pueblo de anangu. A partir de este año, esta comunidad indígena administra el sitio en conjunto con el gobierno.

El Uluru está en el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. La población más cercana, Alice Springs, está a 460 kilómetros de distancia, así que estoy convencido de que a partir de esa fecha el monolito descansará más solo que nunca con sus 348 metros de altura y 9 kilómetros de contorno.
Alrededor de 250,000 personas visitan el Uluru anualmente. Los operadores turísticos ahora están buscando ofrecer otras alternativas a los visitantes. Sally Barnes, directora de parques nacionales de Australia, dijo que fue un "momento significativo para todos los australianos", ya que marca un nuevo capítulo en su historia.
Cuando llueve se vuelve gris


viernes, 28 de junio de 2019

Un misterio sin resolver - Hanging Rock

El secreto de Hanging Rock
La historia australiana tiene dos etapas una “blanca” que empieza a partir de la llegada de los primeros colonos británicos en 1788 y otra, la más antigua, que proviene de la cultura y las tradiciones de los aborígenes de aquellas tierras. Esta lleva transmitiéndose de generación en generación, desde mucho tiempo atrás, por medio de relatos y canciones, conocidos como el Tiempo del Sueño, que constituyen una especie de guía espiritual que les pone en relación con el entorno natural, su futuro y su pasado, desde los orígenes del universo a partir del sueño.

El Tiempo del Sueño
De esta etapa tan mística nacen una serie de leyendas en torno a algunos lugares como las del Monte Uluru (Ayers Rock) y del Monte Diógenes (Hanging Rock), un antiquísimo volcán que creó una cadena de pináculos rocosos, que según las creencias indígenas da cobijo a espíritus.
Hanging Rock a vista de drone
Esta formación (Hanging Rock) de origen volcánico y de varios millones de años de antigüedad se levanta majestuosamente unos 150 metros por encima de la llanura en que está emplazada, y culmina con la mezcla de piedras y monolitos en equilibrio que le dieron su nombre (Hanging Rock significa, en inglés, «roca que se balancea»).
Para las tribus aborígenes australianas Dja Dja Wurrung, Woi Wurrung y Taungurung era un lugar sagrado en el que se celebraban ritos de paso a la edad adulta hasta que, a mediados del siglo XIX, los colonos ingleses las expulsaron de la región. A partir de entonces, se convirtió en un sitio de asueto turístico victoriana.
Hanging Rock
Inspirándose en este legendario paraje y en algunas leyendas urbanas, que al parecer surgieron posteriormente en este mismo lugar, la escritora australiana Joan Lindsay escribe su novela Picnic en Hanging Rock en 1967, de forma casi onírica, según ella misma confesó en alguna entrevista, pues toda la trama de su obra le vino a través de unas terribles pesadillas muy realistas, casi como recuerdos, que tuvo cada noche durante 4 semanas.  Y es que Lady Lindsay era una persona con una cierta capacidad sensorial en su compañía los relojes se paraban y era capaz de visualizar el pasado y el futuro.
Joan Lindsay
En el libro se relata un extraño suceso acontecido a un grupo de señoritas de un renombrado colegio aristocrático, el Appleyard, durante una excursión, el 14 de febrero de 1900, a Hanging Rock, una zona muy visitada por su belleza paisajística.
El día de San Valentín de 1900 amaneció soleado y hermoso en el pueblo de Woodend, cerca de Melbourne (Australia). Era el día de la excursión anual en el colegio para señoritas Appleyard, sitio en las afueras del pueblo, y a primera hora de la mañana un grupo de alumnas y profesoras de dicha escuela salieron con la intención de efectuar un almuerzo campestre en un hermoso paraje local.
Alumnas y profesoras de Appleyard
El grupo escolar estaba compuesto por 19 chicas, la mayoría adolescentes; y dos profesoras; mademoiselle Diane de Poitiers, la más joven de las dos, enseñaba francés y danza, y Greta McCraw, una solterona escocesa de mediana edad, era la profesora de matemáticas. El otro adulto del grupo era Ben Hussey, conductor del coche alquilado por el colegio. Mistress Appleyard, la directora, no formaba parte de la expedición.
Muy cerca de la base de la roca había un buen lugar para comer y descansar
En una escena de la película Picnic at Hanging Rock (1975), las alumnas del colegio Appleyard brindan por el día de San Valentín ante el amenazador telón de fondo de la roca.
En su paseo, coinciden con una poderosa familia de la época, los Fitzhubert, que presenciarán cómo tras el almuerzo, 4 de las estudiantes se alejan del grupo situado en el área picnic para aventurarse en la montaña. 
Al llegar la tarde las maestras comienzan a reunir a las chicas para el regreso y mandan a llamar a las 4 muchachas que se habían acercado a la montaña, pero no las encuentran ni a ellas, ni a una maestra que las había seguido.


Un rastro de helechos partidos y arbustos torcidos llevaba del este a la cara sur de la roca, pero más allá, donde empezaba el terreno propiamente rocoso, los rastros iban desapareciendo.


Sólo logran encontrar a la más pequeña del grupo (Edith), que apareció huyendo despavorida de la montaña totalmente enajenada, con la sensación de haber despertado de un mal sueño que sólo recordaba parcialmente.


Al final del día cuatro personas habían desaparecido; tres de ellas no volverían a ser vistas nunca más.


Días después encuentran desmayada, sin uñas y descalza a una de las alumnas, Irma. Y jamás se supo nada más del resto de las desaparecidas a pesar de la intensa búsqueda llevada a cabo por la policía en la zona.

¿Se trata de un hecho real? Si damos credibilidad al epílogo del libro, podría ser verídico, pues invita al lector a la investigación. De hecho, algunos han buscado este suceso en diarios, periódicos y revistas de la época sin encontrar noticia alguna al respecto. Aunque no por ello dejar de ser cierto, pues las noticias en el 1900 no tenían tanto eco como ahora y, a decir verdad, todos los personajes que aparecen en la historia son reales… ¿Pero el libro acaba así sin más? ¿Quizás se pensaba en una segunda parte? Sí y no, es decir del libro fue eliminado un capítulo entero por hacer mención a la posibilidad de que las niñas a través del sueño lograsen entrar en contacto con esa “otra dimensión” de los aborígenes que se las llevó.

Tras las muerte de Lady Lindsay ese capítulo eliminado finalmente ve la luz en El secreto de Hanging Rock, para resolver el misterio dejando otro aún más inquietante… el de la veracidad del Tiempo del sueño y los espíritus del Hanging Rock.